
Los engranajes íntimos se oxidan.
Se mueren las agujas sin el alimento de la cuerda.
Tic tac, nos evaporamos en un sudor secreto.
Tic tac, muere nuestra carne diluida en tiempo.
Pero antes, un orgasmo;
y las piezas metálicas palpitan.
Y después sí,
que se vayan las horas a poblar otras cáscaras.