Maravilla

    Esa mañana Diana tenía las ojeras verdosas, el aliento viciado de tabaco y aún no se había peinado. Salió temprano a deambular junto a Feminum para que cumpliera con sus necesidades alejado de la alfombra de la sala.
    Al llegar al parque, sus zapatotes se hundieron en una masa marrón, fresca e inconsistente, y se puso visiblemente furiosa, tanto que ni su propio perro se atrevió a olfatearla. A pasos de allí identificó a un gran ovejero junto a un hombrecito, y los alcanzó:
    –Si no levanta eso, tendrá problemas –le espetó al gamulán del que sobresalía una frente prominente.
    –Ah, sí ¿y quién lo dice? –reaccionó el hombrecito emergiendo de su abrigo como un caracol rancio.
    Los labios malpintados de la mujer se arrugaron y la mirada se le achicó hasta límites insospechados:
    –Soy miembro de la liga de la justicia. O la recoge o se la hago comer.
    La risa del hombrecito le sacudió el gamulán. Ella añoró su avión inmaterial, la dureza de sus muslos, el tiempo en que los villanos aún tenían dignidad. Ahora se encontraba en la legión del mal con osteoporosis, dos ex maridos y una pensión miserable.
    Sintió pesadumbre por todo ello, pero cuando el hombrecito le dio la espalda se quitó el zapato amarronado y, con la ayuda de sus superpoderes, se lo dio en la cabeza. Feminum aulló como si gritara un gol. El hombrecito la puteó todavía aturdido, y soltó sin querer la cuerda de su ovejero que huyó tras una paloma.
    Ella había conseguido desarmarlo, lo que no era poco. Subió a un banco con aire triunfante y lo amenazó con el único zapato que le quedaba (de una punta prometedora). El hombrecito, tomándose aún la cabeza, le gritó bruja loca y corrió detrás de su perro para que no lo abandonase por un plumífero.
    “Cobarde” pensó ella, evocando la época en que tenía amigos de todos los confines cósmicos del universo. Lo único que deseaba ahora era regresar a su casa y sentarse a leer en el pequeño salón de la justicia.
    Entonces se bajó del banco con cuidado, extrajo el lazo invisible de su bolso y lo usó para atar al perro.

3 comentarios:

Vigo dijo...

Como guionista de cómics serías una incomprendida ;p

Feliz año a ti también Marcela!!
V.

xrisstinah dijo...

¡Mergde!, qué risa, ¿no?

malditas musas dijo...

vigo, :) entonces la mujer 'desastrilla' sería menos popular en el mundo del cómic?

xrisstinah, :) me alegra tu risa... yo también me lo he pasado muy bien escribiéndolo


Gracias a ambos.
Besos,
musa rella