Continuidad de los Borges


Una carcajada lo hizo temblar, así se dio cuenta de que alguien lo estaba soñando. Tenía las piernas hundidas en el barro y los dientes rotos, y le importaba poco si su existencia era producto del azar o si, puntualmente, un fulano lo había elegido para jugar con él.
Atinó a liberar la otra pierna del fango podrido; se dijo a ver si te gusta y se arrastró por las piedras de la orilla con una sensación de libertad, de ridícula libertad. Cómo podía sentirse libre si sólo existía en la imaginación de alguien, si no era más que el capricho de un sádico.
Recorrió lo que, seguramente, había sido una ciudad. La fauna de esas calles estaba compuesta por personas incompletas: los más afortunados tenían un solo ojo; los menos, aparecían mutilados o servían de alimento para los pájaros. A medida que pasaban las horas, el olor a pis de su ropa se transformaba en un vaho general y agrio.
Caminó entre cascotes, se detuvo ante lo único que halló sano: una caja. Tuvo cuidado de no patearla. Al asomarse, encontró pequeños cuerpos entrelazados, acabados de nacer. Un tipo alto le hizo una seña y no hubo tiempo para el asco. Corrió.
Con la camisa mugrienta y pegada a las costillas, paró en un baldío. Descansó entre la basura y volvió a arañarlo esa carcajada esperpéntica, proveniente como desde el fondo del cielo o de las piedras. Tuvo la frialdad de repasar minuciosamente la escena: el panorama era tan repulsivo que no sentía hambre ni sed, lo que supuso una ventaja a la hora de la escapatoria. Estaba tan sarnoso como el resto de perros y hombres, y cojeaba cada vez más, pero el suyo –lo intuía– era un narrador semi-omnisciente, allí adivinó un resquicio. Se imaginaba el cuerpo de quién le había dado el ser en reposo, revuelto en la tibieza de su silla o a punto de despertarse a las siete y media, cuando sonara el despertador. Él apenas era un juguete nacido para vivir esa vida; lo rondaba ese pensamiento mientras escalaba la basura, mientras criaturas virginales –apenas desprendidas de los juegos– lo esperaban con la boca húmeda. Escapaba de ese mundo que le acariciaba la entrepierna sin conocer su propio nombre o su nacionalidad. La sangre negra se le iba a chorros por las ampollas, pero era la del sádico la que lo impulsaba a seguir. Y siguió.
El resto de la noche se dedicó a buscar la puerta que lo conducía a su mentor. Derribó varias, furiosamente. Todas escondían migas de viviendas: azulejos, maderas, jirones de telas; tropezó con una navaja que se metió en el único bolsillo sano. Entonces, internado en ese edificio de moho, escuchó el ronquido. Al fin. Era un ruido omnímodo que hacía temblar las paredes y le otorgaba la pista definitiva.
Casi de inmediato echó abajo la última puerta y encontró el río. Ojalá no sepa nadar, repitió, ojalá no sepa nadar... Luego sintió cómo el agua turbia le entraba en los oídos, la nariz, la boca.
Se despertó a mi lado, empapado, impasible, crónico. Me miró con una pena rabiosa, sin perder la calma, sintiendo el peso del metal en su bolsillo.
Tampoco me moví.
El reloj marcaba las seis treinta cuando sentí el filo en la garganta.

6 comentarios:

Hernan Dardes dijo...

ayer, duante la lectura, me dije que este era un texto más para leer que para oir. Mi paso no hace más que comprobarlo.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Buen relato, Musa, sin duda. Acertado en el tono, con profundidad en la historia y perturbador en su justo grado.

Un abrazo,

Anónimo dijo...

Como siempre, tan especial y lleno de personalidad. Siempre nuestros sueños parecen una amenaza.

Un beso mi Musa

reducidoalaescribitud dijo...

Qué gusto volver a leer tus ficciones, Marce. Me ha encantado leerlo. Un beso.

Aquiles Zambrano dijo...

Usted no me lo va a creer, pero yo escribí un cuento con este mismo nombre, un cuento sobre dos personas que escriben el mismo cuento jajajajaja Aquí le dejo el link: http://prodavinci.com/2010/12/20/artes/la-continuidad-de-los-borges/

malditas musas dijo...

Aquiles, ¡claro que lo creo! Me fascinan estos misterios literarios :¬.

Y les agradezco a los paseantes virtuales sus comentarios.

Salud